Sobre este Café
La familia Rosales Mejía lleva más de 25 años trabajando en la finca Montesol, en las montañas de Jinotega. Su modelo combina tecnificación, sostenibilidad y control de todo el proceso, desde la recolección hasta el secado, cuidando cada detalle para conseguir cafés limpios y de gran calidad.
Una taza limpia, con acidez cítrica bien definida y un cuerpo cremoso que aporta una textura sedosa. Su dulzor recuerda al dulce de leche, equilibrando las notas frutales y dejando un final suave y persistente. Especialmente delicioso en espresso.





